Diablo, primera parte de la saga

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Tal y como hice con Rayman hace un par de años, me propuse terminar el primer Diablo —que en anteriores ocasiones siempre lo había dejado a medias— y esta vez lo he conseguido.

Recuerdo al poco de empezar el blog escribir un artículo acerca de juegos difíciles y, entre los que yo había jugado, puse a Diablo. Realmente no ha sido tan difícil ni mucho menos, lo que pasa que uno ya va teniendo un bagaje como jugador y va sabiendo como enfrentarse mejor a las dificultades.

La última vez que recuerdo haber jugado, cuando tendría unos 14 años, y de eso ha llovido ya mucho, llegué hasta la zona de las cavernas con el guerrero, donde lo acabé dejando porque se me hacía muy cuesta arriba matar ya a cualquier bicho. Esta vez, quizás por cambiar o por darle más gracia o mayor variedad al asunto, empecé con el mago.

Lo primero que me llamó la atención es la dificultad nada más empezar, algo siempre presente en los juegos antiguos. Quizás es que nos hemos vuelto muy blandos con los tan condescendientes juegos actuales, puede ser, pero en Diablo, si escoges el mago ya nada más empezar te pueden matar los bichos normales de tres o cuatro golpes, algo normal por otra parte, teniendo en cuenta que un mago no es una clase especialmente resistente. Tampoco es que me parezca exagerado, pero por hacer una comparación esto no pasaba en Diablo 2, y mucho menos en el 3, en el que a no ser que nos metamos en dificultades altas o nos adentremos en el endgame de lleno, es un paseo en la dificultad por defecto.

Mago explorando la mazmorra
La verdad es que cuando salió a la venta tenía muy buenos gráficos

En estos primeros compases de la aventura, la primera y extraña impresión que me dio es notar ciertos elementos de roguelike. Al principio los bichos sueltan tan poco oro que apenas da para comprar pociones de maná, que en el caso del mago son totalmente necesarias para avanzar ya que si no a ver como tiramos magias. Y no, no hay regeneración automática de maná, ni lenta ni muy lenta, el maná sólo se puede recuperar con pociones, no hay más. Los objetos que sueltan los bichos al morir al principio, por mucho que los vendamos tienen un valor irrisorio.

Por si esto fuera poco, al principio que vamos tan pelados de dinero, nos puede caer algún objeto mágico, que nos podrá identificar Caín, el anciano sabio del pueblo, pero es que ya por identicarnos un objeto nos cobrará 100 monedas de oro, lo cual al principio no es poco dinero, y a veces se convierte en una jugada arriesgada, pues puede acabar valiendo menos el objeto que el oro que nos costó identificarlo. Incluso algunas veces puede pasar que las características mágicas de un objeto sean negativas, como reducir la visión y aumentar el daño que recibimos, lo que hace que el objeto acabe siendo peor que uno común y corriente. Esto último tampoco es que sea muy habitual, a mí sólo me salió un objeto así a lo largo de toda la aventura.

Mago tirando rayos a través de una verja
El mago como buen cobarde, tirando rayos a través de la verja

Además, tenemos a un personaje muy pintoresco, un niño con una pata de palo que es contrabandista, que sólo por poder ver lo que tiene en venta nos cobrará 50 de oro. Aparte de eso, los objetos que vende son siempre carísimos, y sólo podremos comprarlos cuando vayamos ya muy avanzados. Los objetos que venden el resto de personajes tampoco es que sean baratos, y algunos de los libros que vende Adria pueden llegar a ser realmente caros. Los habitantes de Tristram quieren que les salvemos, pero luego nos cobrarán por todo los muy hijos de puta, y no poco.

Mago hablando con Wirt
Wirt, ese pequeño cabrón

En el caso del mago, no solo existe la suerte típica de este tipo de juegos en los que la facilidad o dificultad en el avance depende en gran medida de los objetos que te vayan cayendo, es que las magias de las que dispones no las puedes elegir libremente como en otros juegos del estilo distribuyendo puntos al subir de nivel como por ejemplo se podía hacer en Diablo 2. En Diablo, las magias se aprenden leyendo libros —que se «consumen» al usarlos una vez—, y estos libros nos los encontraremos o bien explorando los distintos niveles de la mazmorra o bien entre las mercancías que tiene en venta Adria, que cada vez tendrá unos libros en venta, entre tres o ninguno, por lo que habrá que estar pendiente cada vez que volvamos a Tristram a ver que tiene en venta.
Todo esto le da el toque roguelike que mencionaba anteriormente, hay muchos aspectos aleatorios a lo largo de la partida y dependiendo de la suerte que tengamos en cuanto a equipo o magias que podamos conseguir se podrá hacer más fácil o más difícil, pero también depende de nosotros como aprovechemos los medios de los que disponemos para avanzar lo más eficientemente posible a lo largo de la aventura.

Mago hablando con Adria
Si tiene algún libro en venta, miedo me da pensar cuanto pedirá por él

Haciendo referencia otra vez al caso particular del mago, que es el personaje con el que terminé el juego, se hace bastante duro por el final por el motivo que muchos monstruos empiezan a tener varias resistencias o inmunidades a distintos tipos de magia. A esto se le suma que en esta primera entrega de la saga Diablo sólo hay tres tipos de magia: fuego, relámpago y magia, y de este último tipo apenas hay conjuros y son muy complicados de conseguir, ya sólo por el final del juego. Así que nos veremos en situaciones tales que para enfrentarnos a unos magos inmunes el fuego y resistentes el relámpago lo mejor será conseguir el conjuro para invocar al golem que atacará infligiendo daño físico. Yo tuve suerte y pude conseguir este conjuro, pero sinceramente, de no poder, no sé si habría podido completar el juego.

Golem combatiendo a los magos de rayos
De no ser por el golem no sé que habría hecho contra estos magos

El trasfondo nos pone en Tristram, un pueblo desolado del reino de Khanduras, donde quedan unos pocos supervivientes debido a los monstruos que salen de la catedral y matan o raptan a la gente. Todo esto ocurre por la influencia maligna de Diablo, que ha revivido utilizando al arzobispo Lazarus y se encuentra escondido en las profundidades de las galerías subterráneas excavadas debajo de la catedral. Antes de estos acontecimientos, Diablo estaba atrapado en una piedra de alma, en las profundidades de unas catacumbas, sobre las que mucho tiempo después se construyó la catedral de Tristram. Para volver a su forma corpórea necesitaba alguien a quien poseer, así que eligió al rey Leoric, al cual tras volverle loco fue incapaz de dominar del todo, así que su próximo candidato fue su hijo, el príncipe Albrecht. Para llegar a él, corrompió al arzobispo Lazarus para que lo raptara y se lo llevara. Más tarde, Lazarus convocó a buena parte de la población de Tristram para ir a rescatar al desaparecido hijo del rey, que según él estaba dentro del laberinto de debajo de la catedral, pero lo que realmente hizo fue tenderles una emboscada, y en cuanto se vieron rodeados de monstruos, Lazarus echó a correr hacia las profundidades del laberinto, y desde entonces no se le ha vuelto a ver. Los pocos supervivientes que quedaron ahora saben de sus intenciones y buscan ayuda desesperadamente. Ahí es donde entramos nosotros, donde nuestra misión será adentrarnos en las profundidades del laberinto para encontrar a Diablo y acabar con él.

Mago en la guarida del carnicero
La guarida del carnicero, muy gore

En anteriores ocasiones en las que lo jugué, hace ya muchos años, al estar el juego en inglés me enteraba de poco o nada de la historia. Esta vez, ya con un nivel de inglés bastante decente, he sido capaz de enterarme de todo, aunque la frase con la que saluda Adria me sigue pareciendo ininteligible —I sense your soul $&!@#?—, y me ha sorprendido mucho el abundante trasfondo —lore en inglés— con el que cuenta el juego. Yo hasta ahora siempre había pensado que todo el tema de los horadrim, vizjerei, Kurast, la guerra del pecado, los otros demonios mayores como Mefisto y Baal era todo propio de Diablo 2, pero ahora me he dado cuenta de que no es así. Siempre había dado por hecho que el primer Diablo sólo contaba con un pequeño trasfondo para introducirnos en la mazmorra y ya.

Mago tirando muros de fuego preventivos
En zona de invisibles más vale ser precavido y tirar muros de fuego nada más abrir la puerta de una cámara. Probablemente salgan unos cuantos achicharrados

Aparte de la trama principal tenemos varias misiones secundarias que al parecer son también aleatorias, es decir, no siempre nos saldrán las mismas en cada partida que juguemos, y servirán para ampliar el trasfondo y darle un poco de variedad al explorar los distintos pisos del laberinto matando monstruos. A pesar de esto, el juego se hace repetitivo y peca de poca variedad de entornos y localizaciones, de hecho, en comparación con sus secuelas, Diablo sólo tiene un pueblo, Tristram, y una mazmorra de 16 niveles, y eso es todo. La decoración y patrones de los entornos cambian cada 4 niveles, esto quiere decir que no sólo cambia el aspecto si no las formas de los corredores y salas que nos encontraremos. El factor más limitante, al menos en mi opinión, es el hecho de que ni el guerrero ni la pícara (o como se traduzca rogue) tengan habilidades de combate, lo que hace el juego demasiado simple. Por eso decidí jugar con el mago, para darle un poco de miga a los combates. Por otro lado, al contar con un sistema de movimiento de sólo ocho direcciones por «casillas» (aunque no las veas están ahí) a veces se hace realmente complicado acertar con ataques a distancia, ya que los movimientos son bruscos en esas ocho direcciones, y si un pequeño desplazamiento de un enemigo implica cambio de dirección, significa que no acertarás ese disparo, sea flecha o magia.

Mago a punto de entrar a un pasaje oscuro
¿A donde llevará este pasaje?

Sinceramente, a día de hoy el juego se nota bastante antiguo y palidece en todos los aspectos al compararlo con su segunda parte, pero como curiosidad no está mal. La ambientación, tanto gráfica como sonora está muy lograda, con un toque más oscuro y macabro que sus sucesores —sobre todo Diablo 3 con su tan criticado estilo cartoon— y las conversaciones con los habitantes de Tristram a veces dejan caer detalles interesantes. Yo por mi parte me quité la espinita de no haberlo completado nunca, aunque esto no quiere decir que no quede más de donde rascar. Aún podría probar suerte en las dificultades ‘pesadilla’ e ‘infierno’ por algún extraño motivo sólo disponibles en la modalidad multijugador, o probar a pasarme el juego con el guerrero o la pícara. También podría probar el contenido extra de la expansión no oficial Hellfire, incluyendo la nueva mazmorra y la nueva clase, el monje. Pero de momento creo que voy a descansar de Diablo 1 por una temporada antes de probar estas cosas.

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